
Él no lo sabe, pero yo debería haber sido su novia.
Yo debería haber sido la novia de Thom Yorke.
Los fans del planeta me hubiesen odiado, pues el hombre ya no estaría tan deprimido (más bien alegre), no sería tan flaco (bueno, tampoco está muy flaco que digamos) ni hubiese producido tremenda obra como es In Rainbows. Es verdad, ya no gemiría como si vivir fuera peor que la muerte.
Pero estaría feliz.
Rebosante.
Yo le hubiese hecho reír todo el día.
Le hubiese preparado comida chilena vegetariana.
Le tendría la cocina soplada.
Nos hubiese bastado una eternidad para llegar a conocernos, de modo que la muerte nos hubiese separado antes del tedio, de la rutina y del odio.
Thom Yorke se hubiese acostumbrado a los silencios bien puestos, a las pechugas chicas y a los besos melosos.
A dormir con dos shar pei sobre la cama y a caminar por el Paseo Peatonal de Concepción con la suficiente astucia como para evitar que le robasen su billetera.
Sabría lo cuesta pagar un balón de gas a casi trece mil pesos, buscar pituto político para obtener un trabajo y que el FONDART le diera con una puerta en las narices por su “pésima composición, poco optimista y poco comercial”.
También tendría que reclamar por el vuelto de menos que le dieron en el supermercado, porque la modista le dejó los pantalones cortos o porque VTR siempre cobra un “extra” invisible por su servicio de cable…
Yo debería haber sido la novia de Thom Yorke.
Los fans del planeta me hubiesen odiado, pues el hombre ya no estaría tan deprimido (más bien alegre), no sería tan flaco (bueno, tampoco está muy flaco que digamos) ni hubiese producido tremenda obra como es In Rainbows. Es verdad, ya no gemiría como si vivir fuera peor que la muerte.
Pero estaría feliz.
Rebosante.
Yo le hubiese hecho reír todo el día.
Le hubiese preparado comida chilena vegetariana.
Le tendría la cocina soplada.
Nos hubiese bastado una eternidad para llegar a conocernos, de modo que la muerte nos hubiese separado antes del tedio, de la rutina y del odio.
Thom Yorke se hubiese acostumbrado a los silencios bien puestos, a las pechugas chicas y a los besos melosos.
A dormir con dos shar pei sobre la cama y a caminar por el Paseo Peatonal de Concepción con la suficiente astucia como para evitar que le robasen su billetera.
Sabría lo cuesta pagar un balón de gas a casi trece mil pesos, buscar pituto político para obtener un trabajo y que el FONDART le diera con una puerta en las narices por su “pésima composición, poco optimista y poco comercial”.
También tendría que reclamar por el vuelto de menos que le dieron en el supermercado, porque la modista le dejó los pantalones cortos o porque VTR siempre cobra un “extra” invisible por su servicio de cable…
Sabría cuánto cuesta comprar o arrendar una casa en este país de privaciones.
Pero también sabría de alegrías.
Yo le presentaría a mis amigos, los que le darían un espacio en su alma pese a su ceño fruncido y a su ojo cheuto. Le convidarían ron "Sierra Leona" y se las ingeniarían para prepararle comida a su gusto, sin carne.
Pero también sabría de alegrías.
Yo le presentaría a mis amigos, los que le darían un espacio en su alma pese a su ceño fruncido y a su ojo cheuto. Le convidarían ron "Sierra Leona" y se las ingeniarían para prepararle comida a su gusto, sin carne.
Socialmente sería aceptado, nunca ganaría menos de un millón mensual. Un inglés en Chile, aunque sea medio tuerto, siempre será bienvenido. Y mejor si es rubio, como él.
A lo mejor Thom Yorke se hubiese sentido feliz de conocerme.
¡Mejor ni pensar en mi vida junto a él!
No sé qué es realmente lo que me estoy perdiendo, sólo sé que el mundo está allá afuera, girando, sin que lo logre ver.
Sé que por acá está entrando agua al bote…
Sé que nunca seré la novia de Thom Yorke.
A lo mejor Thom Yorke se hubiese sentido feliz de conocerme.
¡Mejor ni pensar en mi vida junto a él!
No sé qué es realmente lo que me estoy perdiendo, sólo sé que el mundo está allá afuera, girando, sin que lo logre ver.
Sé que por acá está entrando agua al bote…
Sé que nunca seré la novia de Thom Yorke.
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