jueves, 13 de diciembre de 2007

"LA MALDICIÓN DE EL CANICHE"


Ya no veo más concursos caninos por tv porque estoy aburrida que siempre gane “el caniche”, ese can con pinta de prostituta que en nada representa a esa especie maravillosa llamada C. lupus, más conocida para sus amigos como PERRO. No sé nada de razas ni de estándares internacionales sobre el tema, pero resulta muy decepcionante ver desfilar por dos horas, o más, a los más hermosos ejemplares, aquellos que despiertan la codicia humana de poseerlos, para que el mejor de la muestra sea, siempre, un siútico y casi degenerado “caniche”. No es culpa del perro, evidentemente. Pero me cuesta entender que los seres humanos no tengan ese don místico y sagrado de ver tras la realidad.

La “maldición de El Caniche” es un tema recurrente en la vida. En nuestra fauna urbana humana solemos ver a cada instante y en todas las dimensiones el ejercicio sostenido e inescrupuloso de “la maldición…”, una especie de injusticia instituida frente a la que poco o nada podemos hacer. Permanentemente nos presentamos a diferentes llamados a concurso, postulando a merecidos trabajos, siempre con algo de pudor. ¿Y cuál es el resultado? Nunca nadie nos llama. Ni siquiera nos dan a conocer, por e mail, cuándo y en qué condiciones cerró dicho concurso. Hasta que de la forma más casual nos enteramos de quién resultó el afortunado ganador de tan disputado cargo. ¡Sorpresa! El “elegido” no cumple con el perfil que habíamos sospechado. No tiene grandes estudios ni trayectoria. No es precisamente un ser “bello” o “bella”, frívolamente hablando. No tiene el ángel del que seguramente carecemos. Es un don nadie. Es un caniche.

Veámoslo ahora desde el punto de vista de los afectos. Nos abandonan, nos engañan o nos comparan con personajes de supuesta estatura, moral, intelectual, sensible y hasta sexual. Nos pasamos la vida demostrando quiénes somos, cuánto valemos, como si ello nos fuera un deber. ¿Y qué es lo que finalmente ocurre? Somos reemplazados por meros caniches, por seres que no representan en toda su dimensión lo que la raza humana, por excelencia y divinidad, debiera ser.

Debemos aprender a convivir con mascotas de exhibición, sin que en ello se nos derrame la hiel. Simplemente, a sonreír.

jueves, 29 de noviembre de 2007

¿PORQUÉ ODIO A CONCE?


NO LO SÉ.
Tengo mis sospechas.
No sólo las he pasado mal en esa ciudad; creo también es un lugar que no ofrece futuro. Esa sería la primera suposición.

La segunda y más evidente es que es una ciudad horrible, donde todo es nuevo y no existe identidad alguna. Claro, no hay edificios bellos ni ruinas indígenas... no hay nada que a una la conecte con el pasado, que es lo único bueno que tiene Concepción, su pasado esplendor.

La tercera sospecha sería su aspecto GRIS, su frío y su humedad, que pone verde los zapatos, las paredes de las casas y el alma.
De hecho, odio tanto a Concepción que no voy a perder más tiempo buscando razones para odiarlo aún más.

OJALÁ FUESE COMO ESTE MONO... espero que no me atrape en la treintena que me va quedando de vida.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Totito está aprendiendo a hablar



Totito está aprendiendo a hablar, de la sola necesidad de amar.

Se expresa en su idioma bestial, un lenguaje para nada limitado: es más bien universal. Quien lo oiga podrá advertir sus mensajes de amor y su esfuerzo por ser querido.

Cada día pienso más y más que Totito es el perfecto, vive de la manera más correcta y es él quien me está enseñando a hablar a mí.

Yo debería haber sido la novia de alguien que jamás lo sabrá...


Él no lo sabe, pero yo debería haber sido su novia.
Yo debería haber sido la novia de Thom Yorke.
Los fans del planeta me hubiesen odiado, pues el hombre ya no estaría tan deprimido (más bien alegre), no sería tan flaco (bueno, tampoco está muy flaco que digamos) ni hubiese producido tremenda obra como es In Rainbows. Es verdad, ya no gemiría como si vivir fuera peor que la muerte.
Pero estaría feliz.
Rebosante.
Yo le hubiese hecho reír todo el día.
Le hubiese preparado comida chilena vegetariana.
Le tendría la cocina soplada.
Nos hubiese bastado una eternidad para llegar a conocernos, de modo que la muerte nos hubiese separado antes del tedio, de la rutina y del odio.
Thom Yorke se hubiese acostumbrado a los silencios bien puestos, a las pechugas chicas y a los besos melosos.
A dormir con dos shar pei sobre la cama y a caminar por el Paseo Peatonal de Concepción con la suficiente astucia como para evitar que le robasen su billetera.
Sabría lo cuesta pagar un balón de gas a casi trece mil pesos, buscar pituto político para obtener un trabajo y que el FONDART le diera con una puerta en las narices por su “pésima composición, poco optimista y poco comercial”.
También tendría que reclamar por el vuelto de menos que le dieron en el supermercado, porque la modista le dejó los pantalones cortos o porque VTR siempre cobra un “extra” invisible por su servicio de cable…
Sabría cuánto cuesta comprar o arrendar una casa en este país de privaciones.
Pero también sabría de alegrías.
Yo le presentaría a mis amigos, los que le darían un espacio en su alma pese a su ceño fruncido y a su ojo cheuto. Le convidarían ron "Sierra Leona" y se las ingeniarían para prepararle comida a su gusto, sin carne.
Socialmente sería aceptado, nunca ganaría menos de un millón mensual. Un inglés en Chile, aunque sea medio tuerto, siempre será bienvenido. Y mejor si es rubio, como él.
A lo mejor Thom Yorke se hubiese sentido feliz de conocerme.
¡Mejor ni pensar en mi vida junto a él!
No sé qué es realmente lo que me estoy perdiendo, sólo sé que el mundo está allá afuera, girando, sin que lo logre ver.
Sé que por acá está entrando agua al bote…
Sé que nunca seré la novia de Thom Yorke.